El Icono
Con la demencia expuesta
como un tajo en el pecho,
y el inocente parpadeo
que provoca el primer dolor
apoyé mis labios en los pezones de la tormenta
y miré dentro.
En ella.
Tan lejos como pude.
Desnudo,
Otoño abría los ojos.
¡Ah! ¡Cómo quisiera
retener se instante!
En la avenida, los autos corren veloces con su olor a lluvia. Parecen aquellas estrellas que la noche arcaica observara por vez primera.
Qom


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